Garcilaso de la Vega el Inca (der Sohn einer Ñusta (weibliche Nachkommin eines Inca, also eines Herrschers, gewissermaßen 'Kaisers') aus Cusco und eines Conquistadors, der Zusatz el Inca, um ihn von seinem Cousin dritten Grades, eines der wichtigsten spanischen Renaissance-Dichter zu unterscheiden) schreibt von einer rötlichen Masse, welche die Arbeiter der Inca als Mörtel zwischen die Steine schmierten, die Masse sei dann verschwunden. Comentarios Reales de los Incas, Libro Séptimo, capítulo XXVII: La fortalzea de Cozco. El grandor de sus piedras:
MARAVILLOSOS edificios hicieron los Incas reyes del Perú en fortalezas, en templos en casas reales .... y otras fábricas en gran excelencia como se muestran hoy por las ruinas que de ellas se han quedado.
[...]
La obra mayor y más soberia que mandaron hacer para ostrar su poder y majestad fue la fortaleza de Cozco, cuyas grandezas son increíbles a quien no las ha visto. Y al que las ha visto y mirado con atención le hacen imaginar, quy aun creer, que son hechas por vía de encantamiento y que las hicierom demonios y no hombres. Porque la multitud de las piedras, tantas y tan grandes como las que hay puestas en las tres cercas (qué más son peñas que piedras), causa admiración imaginar cómo las pudieron cortar de las canteras de donde las sacaron, porque los indios no tuvieron hierro ni acero para cortarlos ni labrarlas.
Pues pensar cómo las trajeron [...] es dar en otra dificultad no menor. Porque no tuvieron bueyes ni supieron hacer carros. Ni hay carros que las pueden sufrir ni bueyes que basten tirarlas (llevábanlas arrastrando a fuerza de brazos con gruesas maromas). Ni los caminos por donde las llevaban eran llanos sino tierras muy ásperas con grandes cuestas, por donde las subían y bajaban a pura fuerza de hombres.
Muchas de ellas llevaban de 10, 12, 15 leguas, particularmente la piedra - o por mejor decir - la peña, que los indios llaman saiusca (que quier decir 'cansada' porque no llegó al edificio.) Se sabe que las trajeron de 15 leguas de la ciudad y que pasó el río de Yúcay, que es poco menor que el Guadalquivir por Córdoba. Las que llevaron de más cerca fueron de Muina, que está cinco leguas del Cozco.
Pues pasar adelante con la imaginación y pensar cómo pudieron ajustar tanto unas piedras tan grandes, que apenas pueden meter la punta de uns cuchillo por ellas, es nunca acabar. Muchas de ellas están tan ajustadas que apenas se aparece la juntura. Para ajustarlas tánto er menester levantar y asentar una piedra sobre otra muchas veces, porque no tuvieron escuadra ni supieron valerse siquiera de una regla para sentarla encima una piedra y ver por ella ni estaba ajustada con la otra.
Tampoco supieron hacer grúas ni garruchas ni otro ingenio alguno que les ayudara a subir y bajar piedras, siendo ellas tan grandes que espantan, como dice [...] Jóse de Acosta hablando de esta misma fortaleza.
[es folgen mehrere Zitate von José de Acosta, die im wesentlichen fast textgleich dasselbe sagen, wie Garcilaso, nur einen Satz übernehme ich davon: "...en diversas partes de su reino acudía grandísimo número de todas la provincias, porque el labor es extraña y para espantar."]
[....]
También quisieron hacer muestra del ingenio de sus maestros y artífices, no sólo en la labor de la cantería pulida (que los españoles no acaban de encarecer) mas también en la obra de cantería tosca, en la cual no mostraron menor primor que en la otra. [...]
La fortaleza edificaron en un cerro alto que está al septentrión de la ciudad, llamada Sacsahuaman, de cuyas faldas empieza la población del Cozco. [...]
Por la seguridad que por aquella bande tenía les pareció que bastaba cualquier defensa. Y así echaron solamente un muro grueso de cantería de piedra, ricamente labrada por todas cinco partes si no era por el trasdós, como dicen los albañiles. Tenía aquel muro más de 200 brazas de largo.
Cada hilada de piedra era de diferente altor y todas las piedras de casa hilada muy iguales y asentadas por hilo, con muy buena trabazón y tan ajustadas unas con otras, por todas cuatro partes, que no admitían mezcla. Verdad es que no se la echaban de cal y arena porque no supieron hacer cal, empero echaban por mezcla una lechada de un barro colorado que hay, muy pegajoso, para hinchiese y llenase las picaduras que al labrar la piedra se hacían.
BEWUNDERNSWERTE Bauwerke errichteten die Inkakönige als Festungen, Tempel, Paläste ... und anderen Bauerwerken von großer Exzellenz, wie man es heute noch an den Ruinen sehen kann, die von ihnen übrig sind.
[...]
Das größte und prächtigste Bauwerk, das sie errichten ließen, um ihre Macht und Majestät zu demonstrieren, war die Festung von Cozco, deren Größe für den, der sie nicht gesehen hat, unvorstellbar ist. Und wer sie gesehen und aufmerksam betrachtet hat, muss sich vorstellen, ja sogar glauben, dass sie durch Zauberei entstanden sind und dass sie von Dämonen und nicht von Menschen erbaut wurden. Denn die Vielzahl der Steine, die so zahlreich und so groß sind wie die, die in den drei Umwallungen verbaut sind (die eher Felsbrocken als Steine sind), weckt Bewunderung, wenn man sich vorstellt, wie sie aus den Steinbrüchen, aus denen sie stammen, herausgeschnitten werden konnten, denn die Indianer hatten weder Eisen noch Stahl, um sie zu schneiden oder zu bearbeiten.
Wenn man darüber nachzudenkt, wie sie sie hergebracht haben [...], wirft das eine weitere, nicht minder große Schwierigkeit auf. Denn sie hatten keine Ochsen und wussten auch nicht, wie man Wagen baut. Es gibt keine Wagen, die sie tragen können, noch Ochsen, die stark genug sind, sie zu ziehen (sie schleppten sie mit bloßer Muskelkraft und dicken Seilen). Die Wege, auf denen sie transportiert wurden, waren nicht eben, sondern sehr uneben mit großen Steigungen, die sie mit großer Kraft der Männer hinauf- und hinuntertransportierten. Viele von ihnen legten 10, 12, 15 Meilen zurück, insbesondere der Stein - oder besser gesagt - der Felsbrocken, den die Indios saiusca nennen (was „müde” bedeutet, weil er nicht bis zum Gebäude gelangte).
Es ist bekannt, dass sie aus einer Entfernung von 15 Meilen von der Stadt herbeigeschafft wurden und dass sie den Fluss Yúcay überquerten, der etwas kleiner ist als der Guadalquivir bei Córdoba. Diejenigen, die aus geringerer Entfernung herbeigeschafft wurden, stammten aus Muina, das fünf Meilen von Cozco entfernt liegt.
Wenn man seiner Fantasie freien Lauf lässt und darüber nachdenkt, wie sie so große Steine so genau aneinanderpassen konnten, dass man kaum eine Messerspitze dazwischen stecken kann, kommt man nie zum Ende. Viele von ihnen sind so genau aufeinander abgestimmt, dass die Fuge kaum zu sehen ist. Um sie so genau aufeinander abzustimmen, musste man einen Stein viele Male anheben und auf einen anderen setzen, denn sie hatten weder Winkel noch wussten sie, wie man ein Lineal benutzt, um einen Stein darauf zu setzen und zu überprüfen, ob er genau auf den anderen passte. Sie wussten auch nicht, wie man Kräne, Flaschenzüge oder andere Vorrichtungen baut, die ihnen beim Heben und Senken der Steine geholfen hätten, die so groß waren, dass sie Angst einflößten, wie [...] Jóse de Acosta über diese Festung sprechend sagt.
[Zitat von José de Acosta, von den von Garcilaso eingeschobenen: "...in verschiedenen Teilen seines Reiches strömte eine überaus große Zahl von Menschen aus allen Provinzen zusammen, denn die Arbeit ist außergewöhnlich und erschreckend."]
[....]
Auch wollten sie den Erfindungsgeist ihrer Meister und Handwerker unter Beweis stellen – nicht nur in der fein behauenen Steinmetzarbeit (die die Spanier gar nicht genug zu rühmen wissen), sondern auch im groben Mauerwerk, worin sie nicht weniger Kunstfertigkeit zeigten als im anderen. [...]
Die Festung errichteten sie auf einem hohen Hügel nördlich der Stadt, genannt Sacsahuamán, an dessen Hängen die Bebauung von Cuzco beginnt. [...]
Da sie sich auf jener Seite ausreichend gesichert glaubten, meinten sie, jede beliebige Verteidigung genüge. So zogen sie dort lediglich eine dicke Mauer aus Steinquadern hoch, aus reich bearbeitetem Stein, auf allen fünf Seiten sorgfältig behauen - mit Ausnahme der Rückseite, wie die Maurer sagen. Diese Mauer maß mehr als zweihundert Klafter in der Länge.
Jede Steinschicht hatte eine andere Höhe; doch waren alle Steine innerhalb einer Schicht sehr gleichmäßig und schnurgerade gesetzt, in guter Verzahnung und so genau aneinandergefügt, auf allen vier Seiten, dass sie keinen Mörtel benötigten. Zwar verwendeten sie weder Kalk noch Sand, da sie keinen Kalk herzustellen wussten; doch gossen sie als Bindemittel eine Art dünnflüssigen roten Lehm ein, der sehr klebrig ist, damit er die beim Behauen entstandenen Vertiefungen ausfüllte und schloss.
[...]
La obra mayor y más soberia que mandaron hacer para ostrar su poder y majestad fue la fortaleza de Cozco, cuyas grandezas son increíbles a quien no las ha visto. Y al que las ha visto y mirado con atención le hacen imaginar, quy aun creer, que son hechas por vía de encantamiento y que las hicierom demonios y no hombres. Porque la multitud de las piedras, tantas y tan grandes como las que hay puestas en las tres cercas (qué más son peñas que piedras), causa admiración imaginar cómo las pudieron cortar de las canteras de donde las sacaron, porque los indios no tuvieron hierro ni acero para cortarlos ni labrarlas.
Pues pensar cómo las trajeron [...] es dar en otra dificultad no menor. Porque no tuvieron bueyes ni supieron hacer carros. Ni hay carros que las pueden sufrir ni bueyes que basten tirarlas (llevábanlas arrastrando a fuerza de brazos con gruesas maromas). Ni los caminos por donde las llevaban eran llanos sino tierras muy ásperas con grandes cuestas, por donde las subían y bajaban a pura fuerza de hombres.
Muchas de ellas llevaban de 10, 12, 15 leguas, particularmente la piedra - o por mejor decir - la peña, que los indios llaman saiusca (que quier decir 'cansada' porque no llegó al edificio.) Se sabe que las trajeron de 15 leguas de la ciudad y que pasó el río de Yúcay, que es poco menor que el Guadalquivir por Córdoba. Las que llevaron de más cerca fueron de Muina, que está cinco leguas del Cozco.
Pues pasar adelante con la imaginación y pensar cómo pudieron ajustar tanto unas piedras tan grandes, que apenas pueden meter la punta de uns cuchillo por ellas, es nunca acabar. Muchas de ellas están tan ajustadas que apenas se aparece la juntura. Para ajustarlas tánto er menester levantar y asentar una piedra sobre otra muchas veces, porque no tuvieron escuadra ni supieron valerse siquiera de una regla para sentarla encima una piedra y ver por ella ni estaba ajustada con la otra.
Tampoco supieron hacer grúas ni garruchas ni otro ingenio alguno que les ayudara a subir y bajar piedras, siendo ellas tan grandes que espantan, como dice [...] Jóse de Acosta hablando de esta misma fortaleza.
[es folgen mehrere Zitate von José de Acosta, die im wesentlichen fast textgleich dasselbe sagen, wie Garcilaso, nur einen Satz übernehme ich davon: "...en diversas partes de su reino acudía grandísimo número de todas la provincias, porque el labor es extraña y para espantar."]
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También quisieron hacer muestra del ingenio de sus maestros y artífices, no sólo en la labor de la cantería pulida (que los españoles no acaban de encarecer) mas también en la obra de cantería tosca, en la cual no mostraron menor primor que en la otra. [...]
La fortaleza edificaron en un cerro alto que está al septentrión de la ciudad, llamada Sacsahuaman, de cuyas faldas empieza la población del Cozco. [...]
Por la seguridad que por aquella bande tenía les pareció que bastaba cualquier defensa. Y así echaron solamente un muro grueso de cantería de piedra, ricamente labrada por todas cinco partes si no era por el trasdós, como dicen los albañiles. Tenía aquel muro más de 200 brazas de largo.
Cada hilada de piedra era de diferente altor y todas las piedras de casa hilada muy iguales y asentadas por hilo, con muy buena trabazón y tan ajustadas unas con otras, por todas cuatro partes, que no admitían mezcla. Verdad es que no se la echaban de cal y arena porque no supieron hacer cal, empero echaban por mezcla una lechada de un barro colorado que hay, muy pegajoso, para hinchiese y llenase las picaduras que al labrar la piedra se hacían.
BEWUNDERNSWERTE Bauwerke errichteten die Inkakönige als Festungen, Tempel, Paläste ... und anderen Bauerwerken von großer Exzellenz, wie man es heute noch an den Ruinen sehen kann, die von ihnen übrig sind.
[...]
Das größte und prächtigste Bauwerk, das sie errichten ließen, um ihre Macht und Majestät zu demonstrieren, war die Festung von Cozco, deren Größe für den, der sie nicht gesehen hat, unvorstellbar ist. Und wer sie gesehen und aufmerksam betrachtet hat, muss sich vorstellen, ja sogar glauben, dass sie durch Zauberei entstanden sind und dass sie von Dämonen und nicht von Menschen erbaut wurden. Denn die Vielzahl der Steine, die so zahlreich und so groß sind wie die, die in den drei Umwallungen verbaut sind (die eher Felsbrocken als Steine sind), weckt Bewunderung, wenn man sich vorstellt, wie sie aus den Steinbrüchen, aus denen sie stammen, herausgeschnitten werden konnten, denn die Indianer hatten weder Eisen noch Stahl, um sie zu schneiden oder zu bearbeiten.
Wenn man darüber nachzudenkt, wie sie sie hergebracht haben [...], wirft das eine weitere, nicht minder große Schwierigkeit auf. Denn sie hatten keine Ochsen und wussten auch nicht, wie man Wagen baut. Es gibt keine Wagen, die sie tragen können, noch Ochsen, die stark genug sind, sie zu ziehen (sie schleppten sie mit bloßer Muskelkraft und dicken Seilen). Die Wege, auf denen sie transportiert wurden, waren nicht eben, sondern sehr uneben mit großen Steigungen, die sie mit großer Kraft der Männer hinauf- und hinuntertransportierten. Viele von ihnen legten 10, 12, 15 Meilen zurück, insbesondere der Stein - oder besser gesagt - der Felsbrocken, den die Indios saiusca nennen (was „müde” bedeutet, weil er nicht bis zum Gebäude gelangte).
Es ist bekannt, dass sie aus einer Entfernung von 15 Meilen von der Stadt herbeigeschafft wurden und dass sie den Fluss Yúcay überquerten, der etwas kleiner ist als der Guadalquivir bei Córdoba. Diejenigen, die aus geringerer Entfernung herbeigeschafft wurden, stammten aus Muina, das fünf Meilen von Cozco entfernt liegt.
Wenn man seiner Fantasie freien Lauf lässt und darüber nachdenkt, wie sie so große Steine so genau aneinanderpassen konnten, dass man kaum eine Messerspitze dazwischen stecken kann, kommt man nie zum Ende. Viele von ihnen sind so genau aufeinander abgestimmt, dass die Fuge kaum zu sehen ist. Um sie so genau aufeinander abzustimmen, musste man einen Stein viele Male anheben und auf einen anderen setzen, denn sie hatten weder Winkel noch wussten sie, wie man ein Lineal benutzt, um einen Stein darauf zu setzen und zu überprüfen, ob er genau auf den anderen passte. Sie wussten auch nicht, wie man Kräne, Flaschenzüge oder andere Vorrichtungen baut, die ihnen beim Heben und Senken der Steine geholfen hätten, die so groß waren, dass sie Angst einflößten, wie [...] Jóse de Acosta über diese Festung sprechend sagt.
[Zitat von José de Acosta, von den von Garcilaso eingeschobenen: "...in verschiedenen Teilen seines Reiches strömte eine überaus große Zahl von Menschen aus allen Provinzen zusammen, denn die Arbeit ist außergewöhnlich und erschreckend."]
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Auch wollten sie den Erfindungsgeist ihrer Meister und Handwerker unter Beweis stellen – nicht nur in der fein behauenen Steinmetzarbeit (die die Spanier gar nicht genug zu rühmen wissen), sondern auch im groben Mauerwerk, worin sie nicht weniger Kunstfertigkeit zeigten als im anderen. [...]
Die Festung errichteten sie auf einem hohen Hügel nördlich der Stadt, genannt Sacsahuamán, an dessen Hängen die Bebauung von Cuzco beginnt. [...]
Da sie sich auf jener Seite ausreichend gesichert glaubten, meinten sie, jede beliebige Verteidigung genüge. So zogen sie dort lediglich eine dicke Mauer aus Steinquadern hoch, aus reich bearbeitetem Stein, auf allen fünf Seiten sorgfältig behauen - mit Ausnahme der Rückseite, wie die Maurer sagen. Diese Mauer maß mehr als zweihundert Klafter in der Länge.
Jede Steinschicht hatte eine andere Höhe; doch waren alle Steine innerhalb einer Schicht sehr gleichmäßig und schnurgerade gesetzt, in guter Verzahnung und so genau aneinandergefügt, auf allen vier Seiten, dass sie keinen Mörtel benötigten. Zwar verwendeten sie weder Kalk noch Sand, da sie keinen Kalk herzustellen wussten; doch gossen sie als Bindemittel eine Art dünnflüssigen roten Lehm ein, der sehr klebrig ist, damit er die beim Behauen entstandenen Vertiefungen ausfüllte und schloss.